STEVE MCQUEEN EL REBELDE

UN CAMINO SINGULAR HACIA EL ÉXITO

"Una carrera es como la vida real. Todo lo que haya pasado antes o vaya a pasar después queda en espera."

Antes de Steve McQueen, la industria de Hollywood solo sabía fabricar héroes y villanos. Las películas eran en color, pero sus códigos y valores aún se veían en blanco y negro: solo mostraban personajes buenos y personajes malos, sin término medio.

Tras el reinado del “King of Cool” de ojos azules, los tipos duros arrasaron. Desde entonces, las estrellas del cine han tratado de adoptar su pose de desafío calmado a la autoridad, llena de autoconfianza masculina e invulnerable a la presión. Pero nadie ha llegado a su altura.

...IGUAL QUE TAG HEUER

El legado de Steve McQueen perdura en el tiempo. Hoy es, más que un actor, más que un piloto, una leyenda. Como TAG Heuer, se definió a sí mismo al margen de los convencionalismos y jamás cedió ante la presión.
Cuando era un niño, Steve McQueen se fue a vivir a la granja de su tío en Missouri ante la imposibilidad de que su madre pudiera cuidarlo. Allí, una bicicleta de color rojo brillante que le regaló su tío despertó en él un amor por la velocidad y una pasión por las carreras que iban a dominar su imaginación durante el resto de sus días. Su niñez a partir de entonces fue una historia digna de Dickens...

con la Gran Depresión como telón de fondo, pasando de un hogar roto a otro, formando parte de una banda a los 12 años y viviendo en la calle a los 14. Se unió a un circo, fue a parar a un reformatorio y se alistó en los Marines. Entonces descubrió el mundo del espectáculo y Hollywood le descubrió a él, y durante dos décadas fue el rey de la taquilla, incluso cuando le dio la espalda a ese mundo para reencontrarse con su primer amor: las carreras. Primero fueron las motocicletas (cuando murió en 1980 poseía más de 100 motos de época) y luego los coches. En 1970 acabó en segundo lugar en las 12 Horas de Sebring, al volante de un Porsche 908/02 y con una escayola en su pie izquierdo debido a un accidente de moto que tuvo tan solo dos semanas antes. Más tarde ese mismo año, se puso al volante de otro Porsche para protagonizar la película de carreras Las veinticuatro horas de Le Mans, esta vez luciendo el escudo de Heuer en su mono de piloto y un Monaco de esfera cuadrada en su muñeca. El reloj de esfera azul y el hombre de ojos azules quedaron unidos por un vínculo que hoy día sigue vigente. Y es que Steve McQueen, al igual que TAG Heuer, fue un rebelde que rompió moldes, se negó a aceptar los límites y forjó siempre su destino, sin ceder jamás ante la presión.

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EMBAJADORES

TAG Heuer lleva más de 150 años superando con éxito todos los retos a los que se ha enfrentado. La Manufactura ha puesto en entredicho las convenciones tradicionales de la industria relojera suiza, lo que le ha permitido alcanzar los más altos niveles de precisión y rendimiento. Estableciendo sus propias reglas, escogiendo su propio camino sin dejar nunca de avanzar, sin realizar la menor concesión ni ceder jamás ante la presión, como sus embajadores.