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REPORTAJE DESTACADO
By TAG Heuer, TAG HEUER TEAM —  05 Apr 2017

EN LA MENTE DE UN CORREDOR DEL MARATÓN DE PARÍS SCHNEIDER ELECTRIC

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42.195 metros de esfuerzo. La presión aumenta con cada paso. El maratón, la carrera suprema, llega a París el domingo 9 de abril de la mano del Maratón de París Schneider Electric.

Enfrentarse en solitario al tiempo es un verdadero reto tanto para el cuerpo como para la mente, y requiere una preparación meticulosa. A lo largo del camino, el corredor, equipado con su TAG Heuer Connected Modular 45, pasará por muchas fases de alegría y duda.

La carrera es un torbellino de sensaciones y emociones que van de la euforia a la desesperación, pasando por la duda en las propias capacidades.

Preparados para los primeros 5 kilómetros

Cuando la carrera da comienzo y el enjambre de corredores se va estirando lentamente, es momento de encontrar la zancada adecuada y establecer un ritmo uniforme. Incluso aunque el cuerpo está aún un poco rígido, es fácil respirar si se ha gozado de una buena preparación previa a base de ejercicios a intervalos largos y cortos.
Algunos corredores empiezan ya a sufrir calambres y a caminar, lo cual ralentiza el avance de otros. Es importante mantener el ritmo y controlar la respiración. Un vistazo rápido al reloj a cada kilómetro permite hacerse una idea de la distancia restante.

El anticipo del décimo kilómetro

Los primeros signos de cansancio se presentan poco después del primer cuarto de carrera. Cada paso pesa como un golpe, y el calor se nota cada vez más. Aún faltan 30 kilómetros para la meta. Por experiencia, las carreras largas hacen que el cuerpo se acostumbre al esfuerzo prolongado. El primer avituallamiento es importante; unos buenos conocimientos en materia de bioenergía pueden marcar la diferencia. El organismo debe almacenar cuantas más reservas mejor para transformarlas de manera eficiente con el fin de oxigenar los músculos.

Momento para el análisis a medio camino

Tras la semimaratón, el ritmo fluye pero la carrera aún no se ha acabado. Este punto proporciona una estimación del tiempo para la segunda mitad. A partir de aquí, la velocidad puede mantenerse o aumentarse progresivamente hasta la línea de meta. Echar un rápido vistazo a la muñeca para verificar el gasto energético y la distancia cubierta hasta ahora puede ayudar. El más mínimo error podría echar al traste toda la carrera, de modo que la mente debe estar preparada para resistir cualquier cosa; una cualidad que se adquiere corriendo regularmente largas distancias y sometiéndose a un duro entrenamiento.

La emboscada de los 35 kilómetros

Este hito, a menudo visto como un auténtico muro, es para muchos un paso de proporciones enormes. Con la llegada al umbral de lactato, las piernas parecen quemar. Los músculos consumen cada caloría disponible; aparece el deseo de abandonar y la respiración deja de ser natural. Solo quedan 7 kilómetros, pero serán los más duros de toda la carrera. La mente tiene que ser fuerte. Se requiere una gran capacidad de aguante y resistencia para no rendirse. Solo un objetivo, solo una idea debe subsistir: ir al fondo de uno mismo y acabar lo que se ha empezado.

Los últimos 195 metros de alivio

Brazos al cielo, la multitud gritando: es momento para el éxtasis. La línea de meta se encuentra nada más superar la curva del estadio. Todo el sufrimiento y el dolor se desvanece, se liberan endorfinas y el reloj TAG Heuer se acerca. La última recta hay que recorrerla con elegancia, con pies ligeros como los de Hermes.

Una vez el reloj se detiene, solo queda la satisfacción por esta victoria sobre el tiempo.

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