Marlou van Rhijn LA «CHICA DE LAS PRÓTESIS» (BLADE BABE)

UN CAMINO SINGULAR HACIA EL ÉXITO

"Las únicas discapacidades reales en la vida son la falta de visión y la falta de ambición."

Antes de Marlou van Rhijn, las carreras de velocidad paralímpicas femeninas carecían de superestrellas de fama mundial.

La elegancia y belleza de Marlou, por no mencionar su potencia explosiva y su velocidad de vértigo, han elevado este deporte a nuevas cotas y le han dado al mundo una nueva heroína: una joven que desafía todos los obstáculos y que jamás cede ante la presión.

...IGUAL QUE TAG HEUER

Marlou van Rhijn es rápida y bella, la encarnación del coraje y la determinación.
Nacida el 22 de octubre de 1991 en una pequeña ciudad holandesa sin la parte inferior de sus piernas, Marlou van Rhijn puso sus inagotables energías en la natación, disciplina en la que destacó y llegó a batir récords nacionales de estilo libre y a tomar parte en campeonatos europeos y mundiales.

Pero sus ambiciones trascendieron los confines de las piscinas. Hace cuatro años, dotada de prótesis transtibiales de fibra de carbono de última generación, probó fortuna con el equipo paralímpico de atletismo de Holanda. Dos años después se clasificó para los Juegos Paralímpicos de Londres 2012 y se llevó a casa el oro en los 200 metros. Hoy es la mujer más rápida del mundo con prótesis, y ostenta los récords mundiales en 100, 200 y 400 metros, récords que sigue batiendo. Nadie puede alcanzarla porque ella trabaja más y quiere más. Y es que Marlou, al igual que TAG Heuer, rompe moldes, rechaza los límites, persigue la perfección y jamás cede ante la presión, pase lo que pase.

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EMBAJADORES

TAG Heuer lleva más de 150 años superando con éxito todos los retos a los que se ha enfrentado. La Manufactura ha puesto en entredicho las convenciones tradicionales de la industria relojera suiza, lo que le ha permitido alcanzar los más altos niveles de precisión y rendimiento. Estableciendo sus propias reglas, escogiendo su propio camino sin dejar nunca de avanzar, sin realizar la menor concesión ni ceder jamás ante la presión, como sus embajadores.