Mikrotimer 1/1.000ª - 1966

Tenían nombre, pero el Mikrotimer los atrapó

Tenían nombre, pero el Mikrotimer los atrapó

Milisegundos: los científicos les dieron un nombre, pero no podían medirlos. La capacidad de registrarlos era el Santo Grial de la relojería. 50 años antes, TAG Heuer fue capaz de medir centésimas de segundo; en 1966, el Mikrotimer pudo por fin medir también milisegundos.

Algunos números son tan grandes que escapan a nuestro entendimiento: la velocidad de la luz, el tamaño del universo... Algunos objetos, como los electrones, son tan diminutos que tenemos que hacer un gran esfuerzo para imaginárnoslos. ¿Qué es un milisegundo? Imagínese el segundero de su reloj, y trate de dividir cada movimiento de la aguja en mil partes. ¿Qué puede suceder en una escala de tiempo tan minúscula? ¿Cómo puede alguien haber logrado siquiera medirla?

La década de los 60 llevó la revolución al arte y a la vida en general: Andy Warhol, los derechos civiles, la llegada del hombre a la Luna. Nuestro moderno mundo tecnológico nació también en aquellos años. Se crearon numerosos inventos sin los cuales hoy no podemos pasar, inventos como el disco compacto, la calculadora de bolsillo o el láser. El lanzamiento del Mikrotimer a mediados de la década fue toda una revolución que confirmó el liderazgo tecnológico de TAG Heuer en el ámbito de la fabricación de relojes.

Todavía hoy nos parece un objeto futurista, casi de ciencia ficción. Pero lo que supuso una auténtica revolución fue que se trataba de un reloj electrónico. Después de su aparición, el cronometraje mecánico fue desapareciendo del deporte y TAG Heuer forjó sus alianzas con las élites del mundo del motor. Así pues, ¿qué podemos medir en milésimas de segundo? La actividad de nuestros cerebros, por ejemplo. O la diferencia que separa al ganador del segundo clasificado.